Cuando pensé el viaje, pensé que tenía que vivenciar a Clemente Onelli, refugio de ciento cincuenta almas, motivo de un viejo institucional de una telefónica resultado de la privatización de los noventa y récord de baja temperatura continental, - 44º a la sombra. El asentamiento se ubica sobre la línea sur, cerca de Jacobacci y lejos de todo lo demás, el tren Patagónico la visita una vez por semana, los colectivos de la 23 la acarician varias veces por día, pero creo que nadie sube o baja en Clemente Onelli, sus habitantes están presos de su destino como en el ángel Exterminador de Luis Buñuel, si hasta el gas que pasaba a la vuelta de la esquina llevando bienestar a muchos compatriotas, recién hace unos pocos años se percató que existía un grupo de personas que acertó afincarse en ese lugar extremo, definitivamente extremo.
Como en Ojo de Agua unos niños salieron curiosos a ver que pasaba con ese gordito que sacaba fotos en medio de la vía, y hasta una madre se animó con la pregunta, usted es de la televisión?.
Agrego a Onelli entre los lugares de Argentina que más me han conmovido, me interrogo sobre como puedo cambiar la situación de sus ciento cincuenta almas, me desesperan las formas, las fórmulas del cambio necesario, una colecta, tres cadenas de correos electrónicos, nueve fotos, veintiocho insultos, no sé, ni sé...
Como en Ojo de Agua unos niños salieron curiosos a ver que pasaba con ese gordito que sacaba fotos en medio de la vía, y hasta una madre se animó con la pregunta, usted es de la televisión?.
Agrego a Onelli entre los lugares de Argentina que más me han conmovido, me interrogo sobre como puedo cambiar la situación de sus ciento cincuenta almas, me desesperan las formas, las fórmulas del cambio necesario, una colecta, tres cadenas de correos electrónicos, nueve fotos, veintiocho insultos, no sé, ni sé...