Páginas vistas en total

jueves, 31 de octubre de 2013

Estación Maizales (FCCA), Santa Fe, Argentina

Con la estación Maizales comienzo un breve paso por el ahora inexistente ramal Cañada de Gómez-Pergamino del antiguo Ferrocarril Central Argentino. En los papeles la línea está actualmente a cargo del NCA, o sea deberían correr trenes cargueros por sus rieles, pero no hay rieles, y si no hay rieles no hay trenes, caramba...
Indaguemos un poco la historia. La ley 2030 del 28 de setiembre de 1887 le autoriza al FCCA construir un tramo de vías de 143 kilómetros entre Cañada de Gómez (Santa Fe) y Pergamino (Buenos Aires).
En 1889 la compañía absorbió al Ferrocarril del Norte de B.A que unía Retiro con el pueblo de Tigre, la línea empalmaba con dicho ferrocarril en la estación Victoria, llegando como resultante de dicha operación a la gran metrópolis portuaria. También durante 1890 la empresa en expansión compra a la Western Railway los ramales Pergamino a Luján y Pergamino a San Nicolás.
Paralelamente a las anexiones la compañía declara un aumento excesivo de su capital invertido producto del sobreprecio fijado en cada operación de compra, tales circunstancias llevan a Scalabrini Ortíz a declarar al respecto que, "El inmoderado aumento del costo por kilómetro demuestra que esos capitales son en su mayoría imaginarios, producto de un simple juego de contabilidad".
Entre 1891 y 1896 el FCCA construye 125 kilómetros más entre Pergamino y San Urbano, aumentando nuevamente su ya abultadísimo capital y para más, durante el 1900 compra la compañía local Ferrocarril Oeste Santafesino con 216 kilómetros de vías, dicha adquisición se aprobó mediante un decreto que no especificaba capitales ni condiciones.
Como escribí en otra entrada anterior, para el 1901 el FCCA merced a anexiones, compras y fusiones tenía una longitud de vías de 1568 kilómetros y las estadísticas oficiales le asignaban un capital de más de 63 millones de pesos que la empresa había conseguido sin contribuir con un solo centavo a al riqueza del país, ya que estaba exenta de tributar con cualquier tipo de tasa o impuesto.
Esa gracia impositiva duraba 40 años, desde 1863 hasta 1903, año en que la compañía tenía que empezar a tributar al igual que cualquier otra empresa o ciudadano, ante esta situación los encargados de la ingeniería financiera británica diseñaron una operación de compra-venta ficticia por la cual el FCCA se vendió a otra empresa de la misma bandera The Buenos Aires and Rosario Railway Company Limited, o dicho en criollo Ferrocarril de Buenos Aires a Rosario. Tras dicha operación la nueva compañía curiosamente pasó a denominarse igual que la desaparecida, Ferrocarril Central Argentino, dicha transacción permitió aumentar nuevamente el capital de la nueva-vieja empresa, habiendo construído 0 kilómetros de vías.
El nuevo FCCA se atribuyó a si mismo según su balance de 1908 un "Capital invertido en la Argentina" de 152 millones de pesos con una extensión de vías de 3876 kilómetros.
La empresa continuó expandiéndose durante las décadas del 30 y 40 hasta su nacionalización durante el gobierno del General Perón.
La nacionalización transforma al FCCA en Ferrocarril General Mitre y a su vez éste muta su denominación al de Nuevo Central Argentino durante la privatización de los ramales por parte de Menem, cerrando así un círculo dominado por un grado de corrupción estructural que marchó casi siempre a contramano de los intereses del pueblo y las finanzas nacionales.
El viaje continúa hacia el sur buscando la próxima estación, la fantasmal Francisco Paz, máximo exponente regional de arqueología ferroviaria.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Estación Villada (FCCA), Santa Fe, Argentina

El Ferrocarril Oeste Santafesino fue determinante en el desarrollo de la región en la que se inserta Villada. En el año 1888 se inaugura el tercer ramal de la línea que llegaba hasta San Urbano, exactamente el 19 de agosto en concordancia con el primer recorrido de un tren por la línea, queda inaugurada la estación Villada, quedando fijada esa fecha como fundacional tal como ocurrirá con Firmat. En esa jornada no solo quedó inaugurada la estación sino que también el pueblo, un rectángulo de mil metros cuadrados dividido en manzanas y lotes.
El Ferrocarril Oeste Santafesino durante el 1900 pasa a engrosar el volumen de operaciones del poderoso Central Argentino (FCCA), empresa de capitales británicos que operó en las provincias de Santa Fe y Córdoba con el nombre de Central Argentine Railway. Durante 1863 el gobierno nacional le otorga  a la compañía manejada por Guillermo Wheelwright la concesión para explotar una línea de trocha ancha entre el puerto de Rosario y la ciudad de Córdoba, el permiso incluía la cláusula que las tierras adyacentes al trazado debían ser pobladas.
Pero la historia de este estratégico trazado había comenzado unos años atrás, en 1854 el ingeniero norteamericano  Allan Campbell le propuso al entonces presidente de la Confederación Argentina, el General Justo José de Urquiza realizar dicha línea. Durante 1855 éste autoriza a José Buschental a contratar la construcción del trazado diseñado por Campbell. El decreto del 2 de abril de ese año concede los terrenos necesarios para el camino, muelles, estaciones y apeaderos entregados a la empresa libres de todo gravamen y a perpetuidad. En 1857 la Confederación prorroga por 8 meses la autorización que se le había concedido a Buschental para construir la sociedad que se haría cargo de la construcción de la línea, pero extrañamente la prórroga alcanza también a Wheelwright, presumiblemente debido a presiones de la diplomacia inglesa.
En 1862 el recientemente constituido Congreso Nacional vota la ley que permite celebrar el contrato de construcción del FC con un sustancial aumento de pesos fuertes por milla, casi el doble de la valoración inicial calculada por Campbell, en favor del empresario ligado a la corona inglesa.
En marzo de 1863 durante la presidencia de Julio Argentino Roca y después de ceder a todas las pretensiones pedidas por Wheelwright se firma por fin el contrato entre éste y el ministro Rawson, contrato que se aparta drásticamente de las condiciones iniciales en la que se sustentaba la construcción del trazado ferroviario, todas en detrimento de las finanzas del estado nacional y en favor del empresario contratista ganador, Wheelwright, condiciones que establecían por ejemplo domicilio legal en Londres, escapando así a toda posibilidad de fiscalización y control por parte de las autoridades argentinas, o la liberación de toda carga fiscal, lo que aseguraba rentabilidad positiva para el nuevo emprendimiento, como así también el fenomenal negocio de las tierras adyacentes al trazado y aunque esas tierras nunca se poblaron tal como lo estipulaba el proyecto inicial, obtuvieron una revalorización fenomenal producto de la fertilidad y la carencia de cargas fiscales y gravámenes.
Con la nacionalización de 1948 el ferrocarril pasa a la órbita del Mitre y con la privatización menemista a manos del NCA.

El predio se encuentra en muy buenas condiciones, tanto galpones como así el cuerpo principal de la estación están muy bien mantenidos. Entre el predio y la transitadísima RN 33 se ubica un pequeño museo al aire libre que concentra tractores e implementos agrícolas centenarios.
El fuego avanza y ya se puede observar a unos pocos kilómetros del inicio del pueblo, no hay ninguna acción precautoria ni directa, quizás sea frecuente la quema de pastizales en las proximidades del casco urbano, quizás nada ocurra, por el bien de la gente y la historia...
Me vuelvo para Rosario, culminando así el pequeño recorrido que se inició tempranito por la mañana en Arminda, ahora la historia tocará vías nuevamente en el misterioso ramal Pergamino-Cañada de Gómez.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ferrocarril_Central_Argentino

Estación Firmat (FCOS), Santa Fe, Argentina

Por ley del 17 de octubre de 1881, el Gobernador de la provincia de Santa Fe, Simón de Iriondo autoriza a Carlos Casado del Alisal la formación de una sociedad que tendría a su cargo la construcción de un ferrocarril que uniría el puerto de Rosario con la Colonia Candelaria, actual Casilda y ésta con Colonia Iriondo, actual Arteaga por un lado y San Urbano (Melincué) por el otro. El 2 de setiembre de 1882 se aprueban los planos y el trazado del futuro FC Oeste Santafesino.

La nueva estación a crear se denominaría Firmat en honor al Ingeniero Ignacio Firmat, amigo y colaborador de Casado del Alisal, su inauguración se concretó el 30 de agosto de 1888, fecha que se tomó como fundacional para la nueva comunidad.
El Ferrocarril Oeste Santafesino, era una compañía de capitales argentinos que construyó y operó una red de trenes de trocha ancha en el sur de las provincias de Córdoba y Santa Fe a finales del siglo XIX.
Este ferrocarril tuvo el honor de transportar la primera cosecha de trigo que se exportó desde Argentina proveniente de la Colonia Candelaria.
Por decreto del 20 de setiembre de 1900 se aprueba la transferencia que esta empresa hace de sus líneas y activos en favor de la británica Ferrocarril Central Argentino.
Mi visita a la estación Firmat se produjo para finales de agosto de este año, en ese momento se hallaba en proceso de reciclado, trabajo culminado en octubre como plan de revitalización del gran espacio que el predio ferroviario ocupa en el corazón de la ciudad de las diagonales. Dentro de sus instalaciones se ubica el centro de artesanos Quirquercahue, espacios comunitarios, obras complementarias producidas como objetos artísticos y materiales ferroviarios varios que corrieron la misma suerte.
Bien vale la pena un pausado recorrido por el extenso predio contemplando la comunión del pasado centenario con la puesta en valor actual, hecho que subraya el significado que el ferrocarril ha tenido para la comunidad.
Sigo viaje esta vez por la RN 33 rumbo al este sorteando un gran incendio de pastizales que corre velozmente por sobre la vía impulsado por un fuerte viento cálido, el destino Villada, otra estación de la misma línea en dirección a Rosario.

domingo, 27 de octubre de 2013

Estación Miguel Torres, ex Cora, (FCRPB), Santa Fe, Argentina

La ex estación Cora, actual Miguel Torres marca el final del recorrido por la vía del antiguo ferrocarril Rosario al Puerto Belgrano. Se trata de una estación de primera habilitada para pasajeros, carga, encomienda, hacienda y telégrafo. Hoy por sus rieles corren trenes del FerroExpreso (FEPSA) y su estado general es muy bueno, envidiable.
El edificio data de 1910 según reza la información que acompaña al paseo de la vieja estación Cora.
Las instalaciones actuales incluyen la construcción principal, un tanque de hierro y silo junto a la vía principal, segunda y auxiliares.
Abandono al FCRPB, vías que retomaré cuando suba el material recientemente obtenido en el otro extremo de la línea.
.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Estación Bombal, (FCRPB), Santa Fe, Argentina

Indudablemente el ferrocarril ha sido la excusa fundacional para casi la totalidad de los pueblos de nuestra Patria, y Bombal no es la excepción.
En 1917 un grupo de colonos que habitaban en las cercanías de los campos de la familia Bombal se trasladan a Mendoza, lugar de residencia de Domingo Lucas Bombal para expresarle la inquietud de fundar un nuevo pueblo en coincidencia con el paso de la línea ferroviaria al Puerto Belgrano. La familia decide donar una porción de sus tierras en favor de la nueva compañía ferroviaria, hecho que fundaría definitivamente en el año 1919 al pueblo de Bombal.
La estación se encuentra en muy buenas condiciones, luce pintura nueva que desgraciadamente no condice con el color inicial, pienso en ese ladrillo visto, casi perfecto que me regaló Benard, pienso en el nomenclador con todas las letras y creo que la intención habría tenido un éxito mayor si se buscaba la forma de respetar el original.
El inventario nos dice que Bombal cuenta con un edificio principal, vía número uno, dos y auxiliares, dependencias de servicios, galpones y silos para el acopio de granos.
Las estaciones pasan como fotogramas en una película que se repite en la diversidad, tanto que creo poder visualizar que voy a hallar cuando me encuentre con Cora, pero son precisamente esos gestos locales, distintivos, los que conforman esa diversidad que me mantiene entre las vías sin poder escapar.