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jueves, 17 de enero de 2013

Entre la rabia y la ternura, Km 648, Río Negro, Argentina

La sensación primaria que me invadió cuando descubrí los vagones abandonados fue "están escondidos", alguien los ubicó en este lugar alejado de toda lógica para que nadie los viera, total nadie pasará jamás por aquí, y en verdad hasta hace unos años gente pasaba, ya que el emplazamiento corresponde al punto exacto en donde se separa la línea sur que con su traza ancha continúa hacia Bariloche de la pequeña vía del trochita que aquí comienza su viaje hacia los confines del universo. El punto se llama desvío km 648 y mientras el tren corría de Jacobacci a Esquel pasaba por las proximidades de este olvido, olvido que corresponde a decenas de vagoncitos secándose al sol, viento y frío sureño, reliquias originales de 1922 dejadas al desamparo del hostil clima de la estepa, y de la sensación de sorpresa primaria reflexioné sobre lo bien que ejercitamos el tema de los abandonos, que poco nos cuesta desentendernos ya sea de un moribundo ferrocarril casi de juguete como de unas personas que en algún lugar lejano dicen pertenecer a los pueblos Pilagá, Wichi o Qom y el desamparo de ambos me hace volver a pensar es que "están escondidos" y que somos muy buenos en eso de esconder y negar.
Al fastidio inicial de Clemente Onelli le sumo éste y decenas más que unifico bajo un mismo denominador común, y que me obligan a seguir en el camino espiando bajo las coquetas alfombras con las que nos disfrazan ciertas realidades.

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