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miércoles, 9 de julio de 2014

Estación Roberto Cano (FCO), Buenos Aires, Argentina

Cuando uno sale a la caza de viejas estaciones ferroviarias puede encontrarlas recicladas para un cambio de uso, usurpadas y conservadas, usurpadas y descuidadas, abandonadas con diagnóstico de recuperable y destruidas por completo, víctimas de los saqueadores y de una naturaleza imparable e implacable que no sabe de historia. Ricardo Cano pertenece a este último grupo, destrucción total en medio de un bosque que la tomó para sí.
El pueblo comenzó a conformase en torno a la estación, pero un par de circunstancias lo han convertido en una verdadera pieza de museo, la lejanía con el trazado de la ruta nacional 188, 3,6 kilómetros de tierra que se tornan intransitables cuando asolan las lluvias y la clausura del ramal en 1977 dejaron atrás esa época de esplendor cuando unos cincuenta trenes entre carga y pasajeros diarios mantenían con vida a la estación y su núcleo poblacional. Otro acontecimiento marca al pequeño caserío, en la década del setenta Ferrocarriles Argentinos utiliza su predio para plantar árboles y crear así su propia fuente de madera, hoy ese monte de eucaliptos se terminó mimetizando con los restos de la estación otorgándole ese carácter casi fantasmal que presenta.
Todo el conjunto luce como una instalación en donde juegan luces, sombras y horadaciones
Dejo Roberto Cano en búsqueda de la última estación del ramal que voy a visitar, el lugar es tan convocante que costará superarlo, esa sensación de convivencia con una naturaleza que pareciera proteger al edificio que lucha por resistir en pié es muy motivante.

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