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sábado, 22 de noviembre de 2014

La estación de los secretos, La Vitícola (FCS), Buenos Aires, Argentina

"Debo concluir conjurando solemnemente a mis compatriotas pobres, si es que valoran su felicidad a futuro, a que jamás pongan un pié en la República Argentina, aunque sean tentados como puede ocurrir, por ofertas de pasajes gratuitos o les aseguren confortables hogares"
                                                                                     T.W Croke, obispo de Cashel

La crónica ferroviaria nos cuenta que la estación La Vitícola fue construída en 1890 con motivo de acortar las distancias con fines netamente operativos entre Napostá y Bahía Blanca, ya que los 40 kilómetros originales eran una distancia muy amplia. La materialidad de la misma ofrece rasgos muy diferentes a las clásicas y originales estaciones del FCS dentro del período fundacional del mismo, entre 1883 y 1885.
El tradicional ladrillo a la vista fue reemplazado por un simple revoque y la trabajada cubierta de tejas francesas de orígen Pierre Sacomán fue sustituída por una de chapa galvanizada por una cuestión "meramente de costos".
Otra diferencia sustancial que se puede percibir y confunde, es el tamaño desproporcionado del tanque de agua materializado en hierro, hecho que podría implicar un error de cálculo entre los ingenieros de la línea que no previeron ciertos consumos para el correcto funcionamiento de sus locomotoras, hecho bastante poco probable para la rigurosa ingeniería inglesa de la época. Con todas esas sutilezas a la vista me dispongo a recorrer la última parada de la línea Constitución-Bahía Blanca, vía Lamadrid del Ferrocarril del Sud.
Un pequeño galpón de chapa completa el conjunto, que se halla completamente abandonado y vandalizado.
Hace algunos años atrás un proyecto de tren turístico-cultural pretendió unir los muelles de Ingeniero White y La Vitícola con paradas intermedias en la Estación Sud y el Parque de Mayo, el viaje inaugural se concretó durante 2011 y desconozco si se volvió a repetir, teniendo en cuenta el valor histórico que adquirió el pequeño emplazamiento localizado en las soledades del sur.


A esta altura de la historia vale una pequeña aclaración, el viaje original que contiene todas estas estaciones fue realizado en sentido inverso al relatado en este blog, el mismo comenzó en Villa Dolores, Córdoba y culminó ocasionalmente en la estación Napostá, aquí está editado por una razón de conveniencia ferroviaria relativa a los ramales originales, la aclaración vale porque el primer contacto con la historia que sigue llegó a mis oídos durante la travesía Punta Alta-Tornquist, allí quién me facilitó el traslado me fue agregando locaciones que no estaban previstas en el plan de viaje original, por ejemplo el cementerio de la Colina Alta, el castillo de Villa Arias, el puente del FCRPB y una noción sobre algo que había ocurrido en La Vitícola, pero que realmente no podía llegar a recordar, dejándome como tarea para cuando volviera a casa buscar que había sucedido en tan desolado  y enigmático paisaje.


La historia que subyace detrás de las soledades a la vista, encierra una de las tragedias más grandes que tuvo como protagonistas a colonos que vinieron para estas tierras en búsqueda de una prosperidad que la Europa industrial les negaba.
Hacia finales del siglo XIX la fiebre colonizadora y especuladora impulsada por la revalorización de la tierra "libre de originarios", se tradujo en La Vitícola como el intento de poblamiento irlandés más grande llevado a cabo en todo el territorio nacional.
En 1888, pese a las advertencias de la influyente iglesia católica irlandesa, 1700 compatriotas se embarcarían en el vapor S.S Dresden contratados por un tal Lucas González en nombre de Murrieta y Cía con el fin de establecer una serie de colonias en el chaco santafesino, caído el negocio a último momento los futuros colonos fueron tentados por la compañía inglesa Argentine Vine Culture Company, que pretendía constituir cuatro centros agrícolas en proximidades de la estación Napostá del FCS. El norteamericano David Gartland gerente de la compañía logró convencer a unos 800 entre los cuales había algunos ingleses, con la atractiva promesa de 40 hectáreas para cada familia a pagar en 15 años, créditos a tasa muy baja durante el primer año en el futuro almacén de ramos generales que se levantaría en el lugar, animales de labor, semillas y herramientas para llevar adelante las tareas rurales que les serían encomendadas.


A principios de 1889, setecientos irlandeses a los que luego se les sumaron ciento vente ingleses arribaron a la estación Napostá con las ganas y la fuerza de comenzar una nueva etapa en sus vidas, pero al momento de la llegada surgió el primer inconveniente, la colonia en cuestión no se hallaba localizada en torno a dicha estación sino que se ubicaba tres leguas (15 kilómetros) más al sur de la misma y el traslado sería por cuenta y cargo de los recién arribados en algunos pocos carros.
Al llegar al sitio definitivo se encontraron que las casas prometidas no eran tal, sino tiendas de campaña y no para todos, el resto vivió en zanjas o simplemente bajo los árboles, a merced de los rigores del calor del verano y el frío impiadoso de la Patagonia cercana.

"La mayoría de la gente está aún viviendo bajo carpas en la pendiente de una colina en la que, en la parte más alta hay un pequeño cobertizo de chapa galvanizada que alcanza para guarecer el altar de una improvisada capilla. La gente asiste a misa afuera bajo el dosel del cielo"
                                                                                                            Matthew Gaughrem, sacerdote.

El mismo cuenta también en una carta enviada a su superior en Irlanda, fechada 2 de abril de 1889 que tuvo que bendecir una numerosa cantidad de tumbas de infantes producto de la gran mortalidad sufrida en la colonia, principalmente de diarrea, producto de la mala calidad del agua muy salobre, el cambio de comidas y el implacable clima del verano desértico de la pampa al sud.
El 13 de mayo de ese mismo año, el vicecónsul británico en Bahía Blanca informaba a sus superiores que había visitado la colonia y que encontró mucha gente viviendo en carpas, pese a que se hallaban en construcción algunas casas, pero que lo peor eran las muertes de muchos niños pequeños a causa de la diarrea producida por el agua salobre que induce a la misma, responsabilizando a las autoridades de la colonia por la absoluta carencia de médicos y medicinas para hacer frente a la más mínima contingencia.


Otro testimonio contundente es el del Padre John Gaynor quién relató las condiciones miserables en las que vivieron durante dos años los colonos de La Vitícola.
"Eran casi un millar de personas, algunos artesanos sin ninguna experiencia en el tema de la agricultura, viviendo en un país extraño con un clima riguroso y con lengua, costumbres y comida muy distintas".
Lo peor fue la tasa de mortalidad, más de cien casos, se habla de ciento veinte fallecidos en los dos años de vida de la colonia y para colmo de males los recursos de Mr. Gartland eran tan limitados que a principios de 1891 la colonia quebró dejando completamente desamparados a los inmigrantes que para esa época no tenían otra opción que la de regresar a su tierra, hecho que se concretó en marzo de ese año cuando 520 sobrevivientes emprendieron un largo viaje hacia Buenos Aires, quebrados moralmente y económicamente.
Para Boland y Castello quienes recientemente sacaron a la luz la tragedia de La Vitícola, el establecimiento de la colonia bajo la Ley de Centros Agrícolas fue una excusa de la fantasmal empresa para tomar dinero barato del Banco Hipotecario en cédulas para nunca devolverlo, amparada en el desorden e incapacidad del mismo para controlar la devolución de sus generosos préstamos, transfiriendo luego la hipoteca y la responsabilidad a los colonos que se encontraban totalmente ajenos e indefensos ante las maniobras especulativas de estos grupos de estafadores de sueños.
La conclusión se funda en que desde sus orígenes la empresa nunca pensó en cumplir con el contrato pactado dado a las notorias carencias y provisión de infraestructura, recursos, títulos y escrituras, a la que debemos sumar una complicidad por incapacidad o connivencia de las autoridades de la Oficina de Agricultura que no cumplió con sus inspecciones e informes periódicos o que si los hizo, los concretó con falacias como se puede leer en un escrito de 1889, en donde se hablaba del floreciente desarrollo alcanzado por la colonia agrícola.
El "Dresden Affair", siempre fue recordado por el pueblo de Irlanda, pero aquí en donde todo sucedió recién lo ocurrido salió a la luz hace unos pocos años.


A esta altura del relato todo cierra, el establecimiento de la estación durante 1890, por obra y gracia de Mr. Edward Casey, no fue tan solo una excusa operativa para el FCS, como así tampoco el cambio de materialidad en la misma y por sobre todo las dimensiones del tanque de agua, probablemente el involuntario cómplice de la pérdida de los más de cien pequeños inocentes que yacen todavía bajo algún lugar de esta tierra en los confines de la pampa a la espera que alguien los rescate de su segunda muerte, la del olvido.



3 comentarios:

  1. Muy interesante historia, y tragica. Me interesa mucho su blog y lo felicito y agradezco que comparta esta aventura con quienes somos de momento menos agraciados y por diferentes razones no podemos ver nada mas que a travez de vuestros ojos tan interesantes paisajes ferroviarios. Un saludo desde Uruguay.

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    1. Fabián, cierto que la historia es muy trágica y por desgracia desconocida para la gente que no vive cerca del lugar, son de esos tópicos que mejor esconderlos bajo la alfombra del olvido.
      Estuve en Montevideo y me pareció muy bella la estación con esa mezcla de ladrillos a la vista añejos, gastados, con la infraestructura moderna y la gran torre de cristal que se alza al fondo.
      Abrazo!!! y muchísimas gracias por el aporte.

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    2. ....otra triste historia ....y en el medio Murrieta y Cía (es la misma que intervino en La Forestal?)

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