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sábado, 29 de noviembre de 2014

Pueblo Ferroviario de Laguna Paiva (FCCN), Santa Fe, Argentina

Al llegar a Laguna Paiva uno comienza a ser bombardeado por estructuras,objetos, datos, señales que lo ubican inmediatamente dentro de un contexto netamente ferroviario, todo en Paiva está ligado al ferrocarril, el mismo está presente en cada rincón e historia de esta ciudad ubicada a 40 kilómetros al norte de la capital provincial. Para organizar la visita y el material seguiré el órden que utiliza el sitio oficial de la ciudad para contar su historia, dejando algunos sitios para cuando le toque el turno al ramal Deán Funes-Laguna Paiva o para cuando escriba sobre sitios puntuales de la ciudad en el blog destinado a la pampa.
El surgimiento del pueblo ferroviario se debe a la implementación de dos ramales del FCCN, ambos son continuación de secciones ya existentes hacia el norte con la intención de la conexión de los mismos con los importantes puertos del litoral argentino.
El primer ramal San Cristóbal-Santa Fe se concreta el 17 de enero de 1908, una sección de 194 kilómetros que conectaba a través de rieles del estado las capitales de Tucumán y Santa Fe, el segundo ramal llega el 21 de diciembre de 1912, con él se vincula Laguna Paiva con Deán Funes en Córdoba y desde allí se empalma con la línea a La Rioja y Catamarca, quedando intercomunicado entonces todo el NOA con el litoral siendo nuestro pueblo pieza fundamental en el armado de ese rompecabezas.
Un tercer hecho fundamental anuncia para el asentamiento un futuro promisorio, el establecimiento de grandes talleres ferroviarios para el mantenimiento del material rodante de la línea, que luego se complementarían con grandes almacenes.
La construcción del primer ramal ocupó a unos seiscientos trabajadores que luego pasarían a ser mil cuando se procedió a la enrieladura del tramo, utilizando para ello el material proveniente de Europa y desembarcado en el puerto de Santa Fe.
La culminación de la obra representó la apertura de nuevos horizontes de progreso para toda al población dispersa entre la Estancia Santo Domingo y el incipiente caserío instalado en los alrededores de la flamante estación del FCCN.
La ubicación de la estación obedeció a distintos factores, el primero a la necesidad que tenían las viejas vaporeras de reabastecerse de agua cada 30 o 40 kilómetros y la segunda a la donación de las once hectáreas que realizara Don Reynaldo Cullen al estado entre los kilómetros 38 y 39 del ramal San Cristóbal-Santa Fe para el establecimiento de una parada en campos de su propiedad.
La construcción de la estación estuvo a cargo del contratista italiano Juan Vilani, quién se afincó en el incipiente caserío y fue fundamental para la ejecución de otras importantes obras de infraestructura en la región.
La estación habilitada el 20 de enero de 1908 fue piedra fundacional para el posterior loteo impulsado por Cullen en sus tierras y que daría como resultado la fundación del pueblo de Laguna Paiva durante 1913.
Las tomas siguientes corresponden a material rodante abandonado en el cuadro rumbo sur, también se muestra la base del enorme tanque de agua, hoy en estado virtual.





Frente a la estación que se halla en muy buen estado de conservación ya que allí también funciona un museo y la terminal de ómnibus, se ubica la Plazoleta Nacional del Ferroviario, allí encontramos entre otros objetos menores una vaporera Clase S11a, Nº 2115, rodado 0-6-4 T fabricada por Kitson Nº 4833 del año 1911.

El recorrido por el enorme predio ferroviario me lleva ahora hacia el norte del mismo, allí desfilarán el galpón y un homenaje a la heroica resistencia de 1961, el cabín de señales, el puente sobre las vías, más material oxidándose al sol, la Werkspoor que tendrá su entrada aparte, los talleres vistos desde afuera y un pequeño apartado sobre el bosque de eucaliptos.







Llegado a este punto del recorrido me sumerjo en la calle que divide talleres y almacenes, talleres que por ser horario no laborable y por estar en manos privadas no pude ni podría visitar sin expreso permiso, algo bastante improbable si nos atenemos a las restricciones que muy claritas lucen al ingreso del predio de EMEPA , talleres que fueron el motor de la comunidad por la cantidad de mano de obra que empleaban, unas 2000 personas en la época de mayor esplendor.
Los distintos quiebres que asolaron al sistema ferroviario tuvieron su golpe final durante el gobierno de Menem, ahí los talleres del Belgrano entraron en una crisis existencial ya que dicho ferrocarril no fue concesionado por el gobierno neoliberal  a ningún grupo privado, por lo tanto todas las instalaciones que el mismo poseía entraron en un cono de oscuridad que no vislumbraba salida posible. La salida posible para los talleres fue la conformación de una Cooperativa de Trabajo como resultado de una privatización que no fue tal de los otrora talleres de reparación de vagones. Para 2005 la Industrial Laguna Paiva, Cooperativa de Trabajo, Producción y Servicios Limitada erigida en el predio de 285.552 metros cuadrados contaba con cerca de 200 socios muchos de ellos ex empleados de los talleres originales que continuaban con la tradición laboral de reparar material rodante por ejemplo para Ferrovías y Metrovías, Minera La Alumbrera y el Belgrano Cargas y Logística, aunque el emprendimiento estaba en condiciones de llevar adelante un sin fin de tareas como la reconstrucción de locomotoras diésel eléctricas e hidráulicas, la reconstrucción de coches de pasajeros de ambas trochas, la transformación de vagones de carga en plataformas de transporte o tolvas cerealeras, la fabricación de bastidores de vagones cisterna, la reparación de grúas a vapor, la fabricación de estructuras metálicas en general, fabricación de autoclaves y contenedores para la construcción y la industria minera.
En 2007 la Cotilpa es vendida al Grupo EMEPA que se hace cargo de la nueva firma denominada Provisión Laguna Paiva, en ella trabajan 180 operarios que se dedican al diseño, fabricación y modificación de vagones de carga, construcciones metálicas pesadas y plantas potabilizadoras.


Antes de culminar el recorrido por el predio ferroviario me dejo atrapar por la magia del bosque de eucaliptos y la represa, los mismos serán retratados en todo su esplendor en el blog dedicado a la pampa.


 Para no extender demasiado el tamaño de la entrega dejé deliberadamente fuera de la misma el capítulo concerniente a la Werkspoor, a las luchas obreras sobre todo la heroica resistencia de 1961 y al galpón de máquinas que irá a parar al post relativo al ramal Deán Funes-Laguna Paiva.


2 comentarios:

  1. cuanta perdida en este país..

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    1. Es cierto, cada cambio político importante genera ruinas de un pasado para nada remoto, como si no hubiera una historia común. Importante es tomar conciencia sobre que nos queda, que perdimos y que debemos hacer para no seguir produciendo ruinas cada vez más jóvenes.
      Saludos!

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