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domingo, 28 de septiembre de 2014

Estación Arenales (BAP), Buenos Aires, Argentina

El último ramal visitado en esta recorrida por los partidos de Rojas y General Arenales corresponde al Saforcada-Santa Isabel del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (BAP).
El 31 de octubre de 1900, el Presidente Roca autoriza la construcción de dicho ramal. La empresa que llevaba adelante el proyecto y la ejecución se encuentra con un inconveniente morfolólico de difícil resolución, una profunda y extensa cañada en proximidades del asentamiento de General Arenales, propone entonces modificar la traza y desplazar al mismo unos 3 kilómetros para salvar así el inconveniente geográfico. El poder Ejecutivo autoriza el cambio de diseño y así el 11 de marzo de 1902 el tren circula por primera vez frente a las vías frente al pequeño asentamiento ubicado en tierras del Centro Agrícola El Chañar propiedad del Señor Julio Lanos. Este fue entonces el hecho que privó a la capital departamental de tener tendido ferroviario y estación dentro de su ejido urbano.
El ramal vinculaba la zona de Junín con el sur de la Provincia de Santa Fe, la construcción del mismo y su posterior puesta en marcha atrajo a muchas personas que terminaron afincándose en la pequeña villa de Estación Arenales, provocando una expansión habitacional y comercial que alcanzaría un pico máximo durante la década del veinte para luego comenzar el lento declinar que termina hoy con las 90 personas que resisten la soledad y la falta de infraestructura.
El 1954 el ramal ahora en manos del Ferrocarril General San Martín se conecta en Santa Isabel con el Peyrano-Rastreador Fournier del General Mitre, cerrando así el círculo que permitía correr trenes entre el sur de Santa Fe, el Norte de Buenos Aires, el Este de Córdoba y la región de Cuyo hasta los puertos de Rosario, Villa Constitución y Buenos Aires. Esta alternativa fue la solución ante el corte de la vía principal del San Martín cuando se produjo el crecimiento desmesurado de La Picasa que interrumpió esa arteria vital entre Diego de Alvear y Aarón Castellanos.
De todas maneras si hubo tráfico frente a nuestra pequeña estación, para la misma y para la villa fue algo simbólico ya que los trenes no se detienen allí. El edificio está abandonado y en malas condiciones, relato que podría extenderse a toda la villa que se quedó sin tren, sin club, sin el pavimento que nunca llegó, sin la belleza original de su plaza, sin los grandes almacenes, barracas, corralones, sin los pequeños comercios y sus prósperos comerciantes, todos se fueron para General Arenales que supo crecer sin el paso del tren.
Casi saliendo del cuadro de la estación, sobre una vía secundaria aparece este Materfer, con corte de pintura de TBA, quebrado y olvidado como digno remate de ese estado de brutal desolación que se siente y percibe en todo el predio.
Para llegar a la próxima parada debo volver al futuro, otro salto temporal que me lleve de domingo por la tarde a lunes a media mañana. Arribeños me espera.

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