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sábado, 27 de septiembre de 2014

Estación La Pinta (CGBA), Buenos Aires, Argentina

Por las dudas aclaro nuevamente que la continuidad de estaciones de un ramal a veces no implica continuidad en tiempo real, aquí por ejemplo tenemos un caso. Delgado, el puente de la CGBA sobre el BAP, el cruce carretero del Salado y la estación sin nombre propio que todavía no vimos, pertenecen a un glorioso domingo por la tarde, y La Pinta, y el puente ferroviario sobre el Salado corresponden a la mañana del lunes siguiente. Hecha la aclaración sigamos con el viaje.
La estación La Pinta corresponde también a otro paraje rural no consolidado como pueblo, con la diferencia que aquí vive gente, por lo menos una que gentilmente me habló sobre la estación, la escuela y como hacer para llegar al río Salado.
La estación se habilita en 1910, pertenece al ramal Pergamino-Vedia de la CGBA y su nombre hace referencia a la carabela de Colón, tengamos en cuenta que muchas estaciones de la región han sido nomencladas con nombres que hacen referencia a la llegada del invasor a estas tierras, Colón, Pinzón, Carabelas, posiblemente Ferré entre otras.
Aquí podemos ver el estado de la vía semi enterrada, además de cierto descuido en el predio. El humano con el que hablé me explicó que a veces el mismo ferrocarril General Belgrano, propietario de los abandonos era quién autorizaba las ocupaciones de las estaciones con el fin de preservar las mismas de los saqueadores, digamos que coincido con la medida, ahora bien se debería verificar el estado de la ocupación y si se cumple el compromiso del ocupante de mantener el predio en condiciones aceptables.
En este caso no me quedaba claro si la señora que está parada frente a la puerta del hall principal de la estación La Pinta es parte de la familia ocupante de la misma o si simplemente se trataba de una pasajera en búsqueda de información sobre a que hora pasa el próximo tren rumbo a Pergamino, le pregunto y muy gentilmente me aclara que tan solo quiere comprar tres pasajes para ella y dos de sus dieciocho hijos, que necesita ir a Pergamino para realizar unos trámites por un error en el subsidio, le digo que me parece que el tren no está pasando por estos días y se aleja algo cabizbaja, con cierta preocupación, quizás con la carga de responsabilidad y el cansancio que conlleva ser madre numerosa.
Gracias a las indicaciones del humano sigo viaje hacia el puente sobre el Salado, llegar hasta ahí demandará una pequeña pero significativa travesía por la vía.
Llegar hasta el puente sobre el Salado implica recorrer unos pocos kilómetros por el camino rural, desviar a la izquierda cuando el camino choca contra la tranquera de un establecimiento rural que se apropió del mismo y subirse al terraplén hasta sumergirse por completo en un cañaveral altísimo que conforma un perfecto túnel vegetal hasta que después de unos doscientos metros por fin se divisa el puente, el río y los infaltables pescadores.
Desando camino y me someto al túnel del tiempo para volver al día domingo antes del atardecer. Como vemos recorrer el ramal Pergamino-Vedia permite hacer saltos temporales, hablar en cerdilino con una madre en apuros, encontrarse con fantasmas de todo tipo escondidos en estaciones, escuelas, almacenes, clubes, quizás sea como una especie de agujero negro en donde todas las irrealidades se hacen posibles o quizás sea el glinfosato asesino que comienza a hacer efecto en este bicho de ciudad devenido en arqueólogo al estilo Tato Bores.

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